Cuando los jóvenes tienen la oportunidad de aprender y practicar habilidades para la vida, las probabilidades de que contribuyan y colaboren al escalamiento de la violencia son menores, y las posibilidades de que puedan contribuir productiva y constructivamente con la sociedad, en caso de repatriación, son mucho mayores. Los jóvenes necesitan ser económica y socialmente empoderados y apoyados, pues de esta manera pueden jugar un rol activo dentro de la reconstrucción de sus sociedades, al momento de ser retornados, en la reintegración, e incluso en la inclusión permanente en la comunidad receptora.

Los cursos integrales y holísticos de habilidades para la vida fomentan que los estudiantes sean independientes, entiendan sus responsabilidades personales, interactúen y se comuniquen con otros jóvenes, y aprendan a vivir con los demás en armonía. Además de esto, los programas proveen a los estudiantes de habilidades y conocimientos prácticos en temas como aritmética, alfabetización, educación para la violencia sexual y por motivos de género (SGBV), planificación familiar, salud reproductiva y educación para la salud básica (como educación para HIV/AIDS). Estudios ambientales y agrícolas son proporcionados en algunos proyectos, y la educación para la paz esta frecuentemente integrada en los programas, si esta no ha sido proveída por separado. El pensamiento crítico, el respeto a sí mismo y a los demás, la movilidad social, el entendimiento de la vida en un campo de refugiados o asentamiento, así como la visibilidad publica y política, son fomentados a través los cursos de habilidades para la vida que son ofrecidos. Los cursos han sido diseñados para prevenir el desempleo, combatir los problemas sociales que son resultado de conflictos, y ayudar en el mejoramiento de las condiciones de vida de los jóvenes desplazados y locales.